Febrero, alegría (III)

Durante todo el mes de febrero hemos estado hablando de la alegría como valor a poner en práctica especialmente en estos tiempos complicados. Ahora que ya sabemos qué es alegría y cuál es su función en la vida de las personas, vamos a seguir profundizando en el concepto.

La vivencia y la expresión de la alegría es única en cada persona y puede verse influida por factores culturales. Sin embargo, si tuvierais que destacar una característica distintiva de una persona alegre, muchos lo relacionarías con la risa. Si bien es cierto que se puede llorar de alegría, la risa es una expresión universal de estados de bienestar psicológico y alegría.  

¿Has escuchado hablar alguna vez de la risoterapia?

La risoterapia consiste en una serie de técnicas que tienen como objetivo mejorar el estado emocional de las personas a través de la risa. Las sesiones de risoterapia no forman un estilo de terapia en sí mismo, sin embargo, son un buen complemento para muchos tratamientos psicológicos, especialmente cuando se trata de trabajos grupales.

La risa se asocia generalmente a un estado emocional de bienestar y alegría y conlleva una serie de respuestas psicofisiológicas que producen la activación de numerosos grupos musculares de todo el cuerpo. Es una respuesta que se da de forma espontánea ante ciertas situaciones, sin embargo, también podemos provocarla. La base de la risoterapia es precisamente ésta: si forzamos la respuesta de la risa lograremos engañar a nuestro cerebro y acabaremos provocando una sensación de bienestar y alegría.

Las técnicas de risoterapia permiten a las personas desinhibirse y alcanzar un estado emocional más agradable.

¿De dónde surge la relación entre la risa y el bienestar emocional?

La asociación entre la risa y el bienestar personal viene de diferentes culturas y épocas. En China, los taoístas defendían que la salud de una persona era proporcional al número de veces que se reía al día. Durante la Edad Media la figura de los bufones se encargaba de amenizar las fiestas con la idea de generar un ambiente agradable que ayudara incluso a hacer la digestión a los comensales. Más recientemente, fueron Richard Mulcaster y Robert Burton los que comenzaron a recomendar la risa como método terapéutico. Actualmente se trabaja con talleres de risoterapia en diferentes tratamientos. De hecho, en nuestra Comunidad Terapéutica es un taller que se realiza periódicamente para fomentar la cohesión grupal y generar un ambiente distendido y divertido para nuestros/as usuarios/as.

¿Qué beneficios tiene?

  • Mejora el estado de ánimo.
  • Ayuda a disminuir los niveles de ansiedad y estrés.
  • Favorece la comunicación y, por tanto, puede mejorar las habilidades sociales.
  • Ayuda a desconectar de las posibles preocupaciones o problemas del día a día.

¿Tiene algún inconveniente?

¡Ninguno! Los beneficios de la risoterapia son muchos y no existe ningún inconveniente, así que… ¿por qué no probarlo?

¿Lo ponemos a prueba?

A continuación, os proponemos tres alternativas para poner en práctica esto de la risoterapia. Si no tenéis la oportunidad de reunirte con otras personas físicamente podéis ponerlo en práctica a través de videollamadas.

Dinámica 1: “Ríe, canta y llora”

Se les pide a los integrantes que tranquilos y relajados se desplacen libremente por el salón. Cuando el coordinador o la coordinadora lo indique los participantes se detendrán en el lugar.

Se les debe informar que miren a los ojos a quien tengan más cerca y que realicen el siguiente ejercicio. Tomar aire profundo por la nariz, mientras notan cómo la mano colocada en el vientre se alza.

Antes de soltar el aire deben realizar una pequeña pausa y cuando expulsan la bocanada de aire decir “jajaja” (la veces que sea necesario). Continúan caminando y luego se vuelve a repetir dos veces más el ejercicio.

Una vez que se haya realizado tres veces la actividad, se les pide que mientras caminen piensen un problema que tienen. Luego se deben detener en el lugar y contarle a otra persona el problema, pero cantándolo, con el ritmo que quieran.

Siguen caminando por el salón, se detienen frente a un compañero o compañera y le cuentan el problema llorando como un bebe. Por último, se debe contar el problema riéndose a carcajadas.

Dinámica 2: Contagios de risa

Uno de los compañeros se dirigirá a otro/a y le dirá muy seriamente “te has contagiado de risa”.

La persona contagiada irá recorriendo la sala, mientras el resto intenta escapar. Para poder contagiar a otra persona deberá utilizar la risa y las posturas corporales que pueden producirse al reír frente a él o ella. En el momento en el que se escape una pequeña sonrisa la otra persona estará también contagiada. El nuevo contagiado se moverá por la sala con la intención de contagiar también al resto de integrantes.

Dinámica 3: Adivina la canción

Se trata de cantar una canción sustituyendo la letra de la canción por las sílabas “ja”, “je”, “ji”, “jo”, “ju”. El resto de personas tienen que intentar adivinar de qué canción se trata y, si se animan, unirse a cantarla todos/as juntos/as.

Lo bueno de estas dinámicas es que se adaptan a diferentes contextos y edades, así que… ¿A que estáis esperando para ponerlas a prueba?

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