¿Enseñar a pescar o dar el pescado cocinado?

En muchas ocasiones las madres y los padres queremos proteger a nuestros/as hijos/as, pero sin darnos cuenta también los limitamos. No cabe duda que el único amor incondicional que existe es el que experimentan los padres y las madres hacia sus hijos e hijas. Los progenitores tratan de manifestar su amor a través de los consejos, la manutención, las caricias, los te quiero y también los bienes materiales. Se trata de un dar auténtico que tiene como búsqueda el bienestar de los hijos e hijas y que asegura su crecimiento. Pero, ¿qué diferencia un dar que favorece la autonomía y la independencia y un dar que asfixie y sea limitante?

En la actualidad, aparecen numerosas parejas de padres y madres de adolescentes que reclaman un cambio en sus hijos y/o hijas porque no hacen nada y comentando que con esta actitud no tendrán futuro ni una posición activa y de iniciativa en la construcción de sus proyectos de vida. La mayoría de estas familias han hablado con sus hijos/as dándoles consejos sobre cómo gestionar sus actividades, cambiar de actitudes, crecer, trabajar para ser independientes, proponerse metas, etc. Sin embargo, ninguna recomendación tiene efecto.

Lo que sucede es que estas familias no quieren que sus hijos pasen lo mismo que pasaron ellos en la infancia: ciertas limitaciones en la posibilidades de hacer, adquirir, comprar, viajar, etc., o están comparando continuamente la época en la que ellos eran adolescentes. Esta es una actitud que entrampa a los hijos/as pero también a las madres y padres.

Si se quiere que aprendan a pescar, no hay que darles el pescado frito…

En este tipo de casos es de suma importancia generar limitaciones en las hijas e hijos sobre el dinero, privilegios, …, lo que provocará que estos (hijas e hijos) se activen de cara a la firmeza de los padres y madres en la restricción. Ya que, si les damos el pescado ya preparado y exquisito no podemos pretender que vayan a salir a pescar, sencillamente porque no lo necesitan.

Por tanto, en bastantes ocasiones el no cambio de hijas e hijos también tiene que ver con el no cambio de la posición de los padres y madres. Es necesario entender que no soy mal padre o madre si se les restringe el dar, si se les instruye a valorar la propias posibilidades, activando sus herramientas para la independencia.

Las madres y padres buscamos hijos e hijas felices y maduros/as, por tal razón debemos darnos cuenta de qué es lo que hacen ellos para que sus acciones no resulten efectivas y que es lo que tenemos que modificar nosotros para ayudarles a que sean capaces de construir su puente.

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